Me llamo Rosileno dos Anjos Araújo, soy diácono de la Arquidiócesis de Granada, España, consagrado de la Comunidad Shalom como Comunidad de Alianza. Soy natural de Fortaleza, en Ceará, pero vine aquí en el periodo de fundación de la misión en 2013.
Experiencia con el primer sacramento del Orden
Con este testimonio deseo compartir mi breve vivencia ministerial y mi experiencia como miembro de la comunidad. Fui ordenado diácono el 3 de mayo de este año en una fiesta muy importante aquí en España, la fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz, que en otros países se celebra el 14 de septiembre. Para mí fue un día decisivo en mi camino hacia el presbiterado, porque para alcanzarlo hay que recorrer el mismo camino que recorrió el Señor y así aprender de Él a servir a todos, especialmente a los más enfermos.
Rosileno fue el primer misionero de la Comunidad de Alianza en ingresar al Seminario Diocesano.

Los primeros destinatarios de mi ministerio diaconal fueron mis hermanos, los seminaristas de la arquidiócesis y los miembros de la misión de Granada, con quienes experimenté la gracia de ser “un hermano entre los hermanos”.
En la arquidiócesis se me han confiado cinco parroquias para servir, y en estos pocos meses he vivido un ministerio muy intenso, pues en la visita a los enfermos busco llevar el amor de Cristo resucitado a través de la oración, la sonrisa, la compañía y el abrazo.
También he realizado algunos bautizos; recientemente bauticé a cinco niños y dos jóvenes, y fue una experiencia que no olvidaré nunca. Incluso tengo la costumbre de anotar sus nombres en un cuaderno, porque son mis hijos espirituales. Mi padre llegó a decirme un día que tendría muchos hijos espirituales y él muchos nietos, y esto se va concretando poco a poco.

Otro servicio que he realizado en estos meses es la celebración de exequias. Veo que cada persona que acude a estas celebraciones en la Iglesia experimenta a Dios y da testimonio de su amor que les acompaña hasta el último día de sus vidas.
Incluso frente al dolor del duelo, veo corazones más abiertos, por eso busco dar todo lo que Dios me pide en la oración, no solo por la familia que sufre la pérdida de un ser querido, sino también por todos los que les acompañan. Es una experiencia que llega de forma nueva para mí, ya que los corazones necesitan ser restaurados y Dios va poniendo en mi boca lo que Él desea comunicar.
Acompaño a las familias ante los desafíos que enfrentan, a las parejas que se preparan para el sacramento del matrimonio y que recorren un camino de discernimiento de su estado de vida, y a los jóvenes, ayudándoles en sus decisiones. De manera especial, en los encuentros de jóvenes que se celebran en la ciudad, busco ser como un padre, un hermano, un amigo para aquellos que se sienten perdidos en un mundo que les ofrece una alegría pasajera. También sirvo en el vocacional Shalom como acompañante de los hermanos que recorren este camino de discernimiento y apoyo a la Comunidad Shalom en las tardes de alabanza y adoración, impartiendo predicaciones con temas específicos.

Aprovecho la oportunidad para compartir que el 18 de octubre, día de San Lucas, seré ordenado presbítero en la Iglesia local de Granada y continuaré ejerciendo el ministerio al servicio de la Iglesia, de la Comunidad Shalom, de los jóvenes, de las familias y de todos los hombres de buena voluntad.
Vivo todo este tiempo con mucha alegría y animo a quienes son llamados a este estado de vida, especialmente como Comunidad de Alianza, a no permitir que las dificultades para vivirlo les impidan asumir la voluntad de Dios en su vida.
Diácono Rosileno dos Anjos Araújo
Arcuidiócesis de Granada (España)