León XIV ha firmado el pasado 4 de octubre su primera exhortación apostólica, Dilexi te, “Te he amado” (Ap 3,9), un texto de 121 puntos que brota del Evangelio y aborda puntos como el compromiso moral con los necesitados, reconocer las múltiples formas de pobreza (material, social, moral, etc), el despojarse de una existencia intrínsecamente rica y exitosa, saber que Dios es cercano a los pobres, la preocupación por el desarrollo humano integral de los últimos o la autenticidad de las obras de misericordia, entre otros.
Fue precisamente Francisco quien, en los meses previos a su muerte, había comenzado a trabajar en la exhortación apostólica que representa una continuación de la Dilexit nos, la última encíclica del Papa argentino sobre el Corazón de Jesús.
Los “rostros” de la pobreza
Son numerosos los motivos de reflexión y los impulsos a la acción en la exhortación de Robert Francis Prevost, en la que se analizan los “rostros” de la pobreza. La pobreza de “los que no tienen medios de sustento material”, “del que está marginado socialmente y no tiene instrumentos para dar voz a su dignidad y a sus capacidades”, la pobreza “moral”, “espiritual”, “cultural”; la pobreza “del que no tiene derechos, ni espacio, ni libertad” (9).
Nuevas formas de pobreza y falta de equidad
Ante este panorama, el Santo Padre considera “insuficiente” el compromiso para eliminar las causas estructurales de la pobreza en sociedades marcadas “por numerosas desigualdades”, por la aparición de nuevas formas de pobreza “más sutiles y peligrosas” (10), por normas económicas que han aumentado la riqueza, “pero sin equidad”.
“La falta de equidad es raíz de los males sociales” (94).
“Los pobres no están por casualidad”
León XIV reflexiona profundamente sobre las causas mismas de la pobreza: “Los pobres no están por casualidad o por un ciego y amargo destino. Menos aún la pobreza, para la mayor parte de ellos, es una elección. Y sin embargo, todavía hay algunos que se atreven a afirmarlo, mostrando ceguera y crueldad”, subraya (14). “Obviamente entre los pobres hay también quien no quiere trabajar”, pero también hay muchos hombres y mujeres que recogen cartones desde la mañana hasta la noche solo para “sobrevivir” y nunca para “mejorar verdaderamente” su vida. En resumen, se lee en uno de los puntos centrales de Dilexi te, “no podemos decir que la mayor parte de los pobres lo son porque no hayan obtenido ‘méritos’, según esa falsa visión de la meritocracia en la que parecería que sólo tienen méritos aquellos que han tenido éxito en la vida” (14).
La limosna, a menudo despreciada
Un síntoma de esta mentalidad es el hecho de que el ejercicio de la caridad resulte a veces “despreciado o ridiculizado, como si se tratase de la fijación de algunos y no del núcleo incandescente de la misión eclesial” (15). León XIV se detiene largamente en la limosna, raramente practicada y a menudo despreciada (115).
“Como cristianos, no renunciamos a la limosna. Es un gesto que se puede hacer de diferentes formas, y que podemos intentar hacer de la manera más eficaz, pero es preciso hacerlo. Y siempre será mejor hacer algo que no hacer nada. En todo caso nos llegará al corazón. No será la solución a la pobreza mundial, que hay que buscar con inteligencia, tenacidad y compromiso social. Pero necesitamos practicar la limosna para tocar la carne sufriente de los pobres” (119).
Una voz que despierte y denuncie
En las últimas páginas del documento, el Santo Padre hace un llamamiento a todo el Pueblo de Dios para que haga oír, “de diferentes maneras, una voz que despierte, que denuncie y que se exponga, aun a costo de parecer ‘estúpidos’”.
“Las estructuras de injusticia deben ser reconocidas y destruidas con la fuerza del bien, a través de un cambio de mentalidad, pero también con la ayuda de las ciencias y de la técnica, mediante el desarrollo de políticas eficaces en la transformación de la sociedad” (97).
En definitiva, el Santo Padre nos recuerda que los pobres, no un problema social, sino el centro de la Iglesia
