En este tercer domingo de Cuaresma, dejamos el desierto y el monte para sentarnos con Jesús junto al pozo de Jacob, en Sicar, en Samaría. El encuentro de Jesús con la Samaritana (Jn 4,5-42) es uno de los pasajes más ricos y profundos de los Evangelios, revelando una vez más cómo Dios toma la iniciativa de venir a nuestro encuentro, incluso en nuestro pecado, sequedad y cansancio. Jesús, cansado del camino, se revela como Aquel que tiene sed de darnos a Sí mismo, Don de Dios y Agua Viva.
Para ayudarte a orar con este Evangelio, presentamos a continuación los cinco puntos que meditamos en el podcast (https://youtu.be/3FuBzAzJdmM), que puedes ver para profundizar tu oración con la Palabra de Dios.
- «Dame de beber»
Jesús inicia el diálogo con una petición: «Dame de beber» (Jn 4,7). Aquel que creó las aguas, las fuentes y los ríos se hace necesitado de nuestra respuesta. Como meditaba santa Teresa de Calcuta, ese «Tengo sed» (Jn 19,28) de Cristo se manifiesta en el pobre y en el necesitado, pero también en el deseo de Dios de necesitarnos para la construcción del Reino. La petición de Jesús es la «excusa» divina para tocar el corazón humano e iniciar un proceso de transformación.
- «El Don de Dios»
Jesús desafía a la mujer: «Si conocieras el don de Dios y quién es el que te pide…» (Jn 4,10). Conocer el don de Dios es tener una experiencia personal con Jesús y dejarse inundar por el Espíritu Santo. Es también reconocer la preciosidad de nuestra propia vida y el destino eterno para el cual fuimos creados. Con frecuencia vivimos sin conciencia de la grandeza de la salvación que se nos ofrece gratuitamente; por eso, la Cuaresma es el tiempo favorable para redescubrir la gracia del Señor y que la vida es un don precioso que exige una respuesta de amor.
- «El Agua Viva»
A diferencia del agua del pozo, que sacia solo por un tiempo, el «agua viva» (Jn 4,10) que Jesús ofrece se convierte en una fuente que brota para la vida eterna. Esta imagen remite también a la roca golpeada en el desierto y, plenamente, al costado abierto de Cristo en la cruz, de donde brotaron sangre y agua (cf. Jn 19,34). Es el agua de la misericordia que purifica y renueva nuestro interior, una gracia que santa Teresa de Ávila amaba contemplar como el fundamento de la vida de oración.
- «Los verdaderos adoradores en espíritu y en verdad»
La verdadera adoración no está ligada a un lugar geográfico específico — ya sea el monte Garizim o Jerusalén — sino a una disposición del Espíritu. Adorar «en espíritu y en verdad» (Jn 4,23) significa amar a Jesús por encima de todas las cosas y actuar por amor a Él, superando el legalismo o el mero cumplimiento de reglas externas. La adoración verdadera nace de la participación en el santo sacrificio de Cristo, que se actualiza en el altar en cada Eucaristía, y desborda en una vida coherente con el Evangelio.
- «Yo soy, el que habla contigo»
El punto culminante del encuentro es la autorrevelación de Jesús: «Yo soy, el que habla contigo». (Jn 4,26). Jesús se revela como el Mesías no a través de conceptos teóricos, sino en una experiencia personal y directa. El cristianismo no es una filosofía, sino el encuentro con la Persona de Jesús. Así como la Samaritana, estamos llamados a tener nuestra propia experiencia con el «Yo Soy» (Ex 3,14; Mt 14,27; Jn 14,6), que disipa nuestras dudas y nos envía como testigos de Su luz.
Pasos de la Lectio Divina
- Lectura (lectio): Lee pausadamente Juan 4,5-42. Sigue el diálogo entre Jesús y la Samaritana: la petición de agua, la revelación sobre su vida y la autorrevelación de Jesús.
- Meditación (meditatio): ¿Cuáles son los «pozos» donde he buscado saciar mi sed de felicidad? ¿Cómo respondo a la petición de Jesús: «Dame de beber»? ¿He buscado una adoración sincera, «en espíritu y en verdad», o vivo solo de apariencias y reglas? ¿Procuro conocer cada vez más el don del Señor?
- Oración (oratio): Ora, por ejemplo, así: «Señor Jesús, Tú que conoces mi sed, dame de Tu Agua Viva. Purifica mi corazón de todos los ídolos y enséñame a adorar al Padre con sinceridad. Que el encuentro Contigo transforme mi vida, así como transformó la vida de la Samaritana…» (continúa tu oración según el Espíritu te inspire).
- Contemplación (contemplatio): Contempla a Jesús sentado junto al pozo de tu alma (en tu Castillo interior). Siente Su mirada de misericordia que conoce tu historia y, aun así, te invita a la amistad. Adora el «Don de Dios» presente en tu vida.
- Acción (actio): Identifica esta semana a un «extranjero» o a alguien que esté «al margen» en tu vida diaria y llévale una palabra de esperanza o un gesto de caridad, dando testimonio del don de Dios y del agua viva que has recibido en la oración.
¡Hasta la próxima semana!
¡Shalom!
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