Formación

¡Lázaro, ven afuera!

En este quinto domingo de Cuaresma, la liturgia nos pone ante el último y más grandioso signo de Jesús en el cuarto Evangelio: la resurrección de Lázaro.

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Resurrection of Lazarus, Henry Ossawa Tanner

En este quinto domingo de Cuaresma, la liturgia nos pone ante el último y más grandioso signo de Jesús en el cuarto Evangelio: la resurrección de Lázaro (Jn 11,1–45). Este episodio constituye la cumbre de la revelación de Jesús como Señor de la vida, preparando nuestro corazón para el misterio de Su Pascua, Pasión, Muerte y Resurrección. En Betania, la amistad, el lamento y la fe se encuentran con el poder de Dios que todo lo restaura.

 

Para ayudarte a orar con este Evangelio, presentamos a continuación cinco puntos que meditamos en el podcast, que puedes ver para profundizar tu meditación. Observa las características de cada persona o grupo de personas (los judíos) que comentamos en el podcast y que pueden ofrecerte otros puntos (rhemas) para tu oración.

 

  1. Lázaro: El enfermo, el amado, el “sueño” de la muerte y el resucitado

Lázaro representa a cada uno de nosotros en nuestra fragilidad, enfermedades y necesidad de salvación. Es el amigo amado por quien Jesús llora, pero también aquel que experimenta la finitud y la “corrupción” del sepulcro. Al llegar el cuarto día, el texto subraya que “ya huele mal” (Jn 11,39), simbolizando el estado de pecado y desolación que parece irreversible a los ojos humanos. Lázaro nos recuerda que, incluso cuando la esperanza parece “dormir” o morir, el amor del Maestro permanece activo. Jesús es Señor del tiempo y de la Vida.

 

  1. María: El dolor a los pies del Señor

Maria de Betania personifica el alma que se lanza a los pies del Señor con sus dolores. Su llanto sincero y profundo conmueve a Jesús y atrae Su misericordia. Al arrodillarse ante Jesús y decirle: “Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto” (Jn 11,32), manifiesta el dolor de la pérdida unido a la confianza en la presencia de Cristo. El encuentro de Jesús con María nos enseña que nuestro dolor no es indiferente a Dios. Él comparte nuestras lágrimas para transformarlas en semillas de vida nueva.

 

  1. Marta: “El Maestro está aquí y te llama”

Marta se revela como una mujer de fe madura y decidida. Sale al encuentro de Jesús cuando todavía estaba fuera de la ciudad, profesando su fe en la resurrección. Es a ella a quien corresponde llevar el mensaje central a su hermana: “El Maestro está aquí y te llama” (Jn 11,28). Este llamado resuena hoy para nosotros: Jesús está presente en nuestras “Betanias”, invitándonos a salir de la parálisis y del desánimo hacia una vida fundamentada en Su presencia. Aunque antes había afirmado la filiación divina de Jesús, cuando Él ordena quitar la piedra del sepulcro, ella lo cuestiona: “Señor, ya huele mal; lleva cuatro días muerto” (Jn 11,39). Entonces Jesús le recuerda el precioso don de la fe: “¿No te dije que, si crees, verás la gloria de Dios?” (Jn 11,40).

 

  1. Los judíos: Testigos, creyentes e incrédulos

El grupo de los judíos representa la comunidad que observa y reacciona ante la obra de Dios. Son testigos del llanto y del amor de Jesús por Lázaro y del milagro que sigue. Su reacción se divide: muchos llegan a creer al ver el gran signo, mientras otros se cierran en la incredulidad. Nos recuerdan que los signos de Dios exigen de nosotros una decisión y una apertura del corazón para acoger la fe y la verdad que libera.

 

  1. Jesús: Oración, Autoridad y Liberación

Jesús manifiesta Su humanidad al llorar y Su divinidad al actuar. Antes del milagro, eleva una oración de acción de gracias al Padre, enseñándonos que la vida cristiana es comunión filial. Con autoridad, da las órdenes que restauran la vida: “Quitad la piedra”, “¡Lázaro, ven afuera!” y “Desatadlo”. Jesús se revela como la Resurrección misma. Su obra va más allá de la vida devuelta, alcanzando la liberación total de todo lo que nos impide caminar.

 

Pasos de la Lectio Divina

 

  1. Lectura (lectio): Lee lentamente Juan 11,1–45. Percibe los sentimientos y actitudes de cada personaje y la progresión del diálogo hasta el momento del milagro.

 

  1. Meditación (meditatio): ¿En qué área de mi vida me siento como Lázaro, atado por vendas de pecado o de desánimo? ¿Soy consciente de que Jesús me llama por mi nombre para salir de todo tipo de sepulcro? ¿Cómo respondo hoy a la invitación: “El Maestro está aquí y te llama”? ¿Creo en el Señor de la vida o me he cerrado en mis dudas?

 

  1. Oración (oratio): Ora, por ejemplo, así: “Señor Jesús, Vida de mi vida, ven al encuentro de mis enfermedades y muertes. Llama mi nombre y dame fuerzas para salir de las tinieblas del egoísmo. Padre de amor y de bondad, te doy gracias porque siempre me escuchas; aumenta mi fe en la victoria de Cristo sobre todo mal. Espíritu Consolador, anímame en mis tristezas y dolores…” (continúa tu oración según el Espíritu te inspire).

 

  1. Contemplación (contemplatio): Adora a Cristo, el Vencedor de la muerte y Dador de la Vida. Contempla a Jesús ante el sepulcro, actuando con autoridad, devolviendo la vida al muerto y abriéndonos a la vida eterna. Siente la libertad de ser “desatado” por Sus manos misericordiosas.

 

  1. Acción (actio): Identifica esta semana una “venda” o un “sepulcro” (un vicio, un rencor o un miedo) y realiza un gesto concreto de cambio, respondiendo al llamado de Jesús a vivir en la libertad de los hijos de Dios.

Comentarios

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