En este cuarto domingo de Cuaresma celebramos el Domingo Laetare, o Domingo de la Alegría. La liturgia nos invita a exultar de gozo porque la Pascua está cerca, presentándonos el gran signo de la curación del ciego de nacimiento (Juan 9,1–41). Jesús se revela como la luz del mundo que disipa las tinieblas y nos invita a pasar de la ceguera física y espiritual a la plenitud de la fe.
Para ayudarle a orar con este Evangelio, presentamos a continuación los cinco puntos que meditamos en el pódcast (https://www.youtube.com/watch?v=RwZvIwjlR18), que puede ver para profundizar su reflexión.
- «¿Quién pecó?»
Ante el ciego de nacimiento, los discípulos preguntan: «Rabí, ¿quién pecó, este o sus padres, para que naciera ciego?» (Juan 9,2). Esta duda refleja la tendencia humana a buscar un culpable para las enfermedades y los acontecimientos dolorosos de la vida. Jesús corrige esta visión de que «Dios castiga», mostrando que el mal no debe entenderse como un castigo directo por pecados personales o de nuestros antepasados. No debemos buscar «chivos expiatorios» en nuestras pruebas o accidentes, reconociendo que Dios puede sacar un bien mayor incluso de las situaciones más difíciles. Ciertamente, algunos pecados pueden causar enfermedades físicas, así como el Sacramento de la Confesión es ocasión no solo de sanación espiritual, sino también de sanación física.
- Las obras del Padre
Jesús afirma que la ceguera de aquel hombre sirvió para que se manifestaran en él las «obras de Dios» (Juan 9,3). La obra del Padre por excelencia es el mismo Jesús, el Enviado (cf. Juan 3,17; 6,38; 10,36). Muchas veces corremos el riesgo de seguir al Señor solo por lo que hace —milagros y gracias— en lugar de seguirlo por quien Él es. Meditar este punto es preguntarse si el centro de nuestra oración es el mismo Cristo o solamente los sentimientos y beneficios que esperamos de Él.
- Las actitudes del curado
Al ser instruido por Jesús, el ciego muestra una obediencia inmediata, yendo a lavarse en la piscina de Siloé (que significa: Enviado). Esta actitud de docilidad a la Palabra es lo que permite el milagro. Más tarde, al ser interrogado por los fariseos, mantiene una postura de honestidad y valentía, dando testimonio de lo que vivió sin dejarse intimidar por la presión de las autoridades judías. El curado nos enseña que la fe exige acción y fidelidad a la experiencia que hemos tenido con el Señor. Y la última actitud del curado fue la adoración al reconocer que Aquel que lo había sanado era el Hijo del Hombre, un título divino.
- El encuentro y la pregunta de Jesús
Después de que el curado fue expulsado de la comunidad, Jesús sale a su encuentro y le hace la pregunta fundamental: «¿Crees en el Hijo del Hombre?» (Juan 9,35). Este segundo encuentro muestra que el Señor nunca nos abandona, especialmente cuando somos perseguidos a causa de la verdad. Jesús no sana solo los ojos físicos; busca sanar el corazón, llevando al hombre a un encuentro personal con Él que transforma su visión del mundo y de su propia vida.
- La respuesta de fe: «Creo, Señor»
El Evangelio culmina en la autorrevelación de Jesús: «Lo has visto; el que habla contigo, ese es», y en la profesión de fe del hombre: «Creo, Señor» (Juan 9,37–38), acompañada de un gesto de adoración. Mientras los fariseos, que veían físicamente, permanecen ciegos a causa de su orgullo y autosuficiencia, aquel que era ciego comienza a ver la luz de la verdad. Este «ver y creer» del evangelista (aquí y en otras ocasiones como en la aparición a Tomás) se invierte: es a través de la fe que empezamos a ver la realidad con los ojos de Dios.
Pasos de la Lectio Divina
- Lectura (lectio): Lea atentamente Juan 9,1–41. Note la diferencia entre la visión física que el ciego gana y la visión espiritual que los fariseos pierden a lo largo del relato. Revise las actitudes del curado.
- Meditación (meditatio): ¿He estado buscando «culpables» para mis sufrimientos o he permitido que Dios manifieste en ellos su obra? ¿He obedecido a las mociones del Espíritu? ¿Dónde siento que aún soy «ciego» y necesito que Jesús toque mis ojos con su gracia? ¿Busco los milagros del Señor o al Señor que hace milagros?
- Oración (oratio): Rece, por ejemplo, así: «Señor Jesús, Luz del mundo, sana mi ceguera espiritual. Concédeme la gracia de reconocerte presente en mi historia, especialmente en los momentos de incomprensión. Creo, Señor, pero aumenta mi fe…» (continúe su oración según el Espíritu le inspire).
- Contemplación (contemplatio): Contemple la imagen de Jesús inclinándose para tocar al ciego. Sienta la alegría del Domingo Laetare inundar su alma al percibir que la luz de Cristo es más fuerte que cualquier tiniebla.
- Acción (actio): En esta semana de alegría, procure llevar un rayo de luz a alguien que esté pasando por un momento de «oscuridad» (soledad, enfermedad o duda), dando testimonio con sencillez de la acción de Dios en su vida.
¡Hasta la próxima semana!
¡Shalom!